Estaba muy nervioso, nunca había estado tan nervioso en toda mi vida. Desde el día que nos presentó Dana a Kristine había algo en ella que me decía que era diferente a las demás chicas con las que había estado. No sabía si eran sus profundos ojos azules, su pelo marrón oscuro, su piel morena o su carácter tan distinto los que había conseguido que me enamorara de ella. Me encantaba que tuviera esa actitud difícil conmigo y que fuera todo un reto conocerla. Llevaba casi dos años sintiendo algo muy fuerte por ella, y aunque había estado con más chicas, creía que era la hora de sentar la cabeza y de demostrarle a Kristine que podía volver a creer en el amor.
Eran ya casi las nueve, y las chicas deberían estar a punto de llegar. Yo estaba escondido en la sala donde se cambiaban los camareros y Joe me avisaría cuando Amie se fuera. Al de poco tiempo recibí la señal y fui al reservado. Allí estaba Kristine, más guapa que nunca. Llevaba un vestido gris de palabra de honor, una americana negra que estaba colgada en la silla, unos tacones y un bolso a juego de la americana y un colgante en forma de bigote. Yo me había puesto unos pantalones negros, un jersey gris con una camisa blanca por dentro y la americana y los zapatos a juego del jersey. Llegué y me senté en la silla que había frente a ella.
-¿Qué haces aquí Styles? Ese es el sitio de Amie.
-Amie se ha ido Kristine, solo estamos tu y yo. Y si me dejas te puedo explicar el porqué.
-Eres un imbécil, me voy -se levantó pero yo también lo hice y la agarré con suavidad de las muñecas.
-Por favor Kristine, déjame explicártelo y luego si quieres te vas. Pero escúchame mientras cenamos, solo te pido eso.
-Esta bien, pero después me iré.
-Como quieras -dije encogiendo los hombros. Llamé a Joe y nos tomó nota.
Estuvimos en un silencio incómodo hasta que nos trajeron la comida y ella me preguntó por qué estaba aquí.
-Está bien. Cuando formamos el grupo Dana nos presentó, y desde un primer momento me pareciste una persona interesante y que podría merecer la pena conocer. Pero tú eras distante conmigo y lo sigues siendo, y yo no sabía por qué. Yo de vez en cuando le preguntaba cosas a Dana sobre ti, para intentar conocerte mejor, porque dentro de mí había empezado a surgir un sentimiento que no había experimentado nunca y al que le tenía miedo. Lo poco que iba conociendo de ti me iba gustando cada vez más, pero tú me lo ponías más difícil. Hasta que el otro día, cuando nos levantamos abrazados y me dijiste eso, las chicas me contaron la verdad. Sé que las palabras no son suficientes para hacer que cambies de opinión con respecto al amor, me gustas de verdad Kristine, y si me dejas, te lo demostraré. Te demostraré que, aunque tenga fama de mujeriego, cuando estoy enamorado no tengo ojos para otra persona. Puede que haya salido con varias chicas en estos años, pero solo era para intentar olvidarme de ti, aunque al final desistí. Las chicas me dijeron que si de verdad te quería que luchara por ti, por hacerte cambiar de idea. Y aquí estoy, delante de la chica de la que llevo enamorado casi dos años diciéndole que la quiero y que voy a hacer lo imposible para que se lo crea.
-Yo... lo siento Harry, no puedo.
-¿Por qué Kris? Dame una oportunidad por favor, déjame demostrártelo.
-Lo siento Harry, pero no. Adiós.
Cogió su chaqueta y se fue sin decir nada más. Me quedé clavado en aquella silla durante unos segundos, pero reaccioné y la seguí. Salí a la calle y miré hacia ambos lados, y la vi subiendo a un taxi, supongo que con rumbo a su casa. En ese momento empezó a llover, y mi humor estaba acorde con aquel cielo negro y plomizo, y esa lluvia incesante. Volví a entrar en el restaurante, le pagué a Joe, cogí mi chaqueta y me fui a casa a intentar dormir. Tenía que pensar algo para demostrárselo, quisiera o no.
Volví a casa andando, y cuando llegué estaba empapado y el silencio invadía la estancia. Subí a mi habitación, me di una ducha caliente y me puse una camiseta y unos pantalones de pijama. Sabía que no dormiría aquella noche, así que fui a la sala de música, que estaba insonorizada, cerré la puerta y me puse a componer una canción que tenía pensada desde hace tiempo. Me dieron las tres de la madrugada cuando acabé de componer la canción y la música. Estaba muy cansado y bajé a intentar dormir algo, y para mí sorpresa caí rendido en los brazos de Morfeo.
-Yo... lo siento Harry, no puedo.
-¿Por qué Kris? Dame una oportunidad por favor, déjame demostrártelo.
-Lo siento Harry, pero no. Adiós.
Cogió su chaqueta y se fue sin decir nada más. Me quedé clavado en aquella silla durante unos segundos, pero reaccioné y la seguí. Salí a la calle y miré hacia ambos lados, y la vi subiendo a un taxi, supongo que con rumbo a su casa. En ese momento empezó a llover, y mi humor estaba acorde con aquel cielo negro y plomizo, y esa lluvia incesante. Volví a entrar en el restaurante, le pagué a Joe, cogí mi chaqueta y me fui a casa a intentar dormir. Tenía que pensar algo para demostrárselo, quisiera o no.
Volví a casa andando, y cuando llegué estaba empapado y el silencio invadía la estancia. Subí a mi habitación, me di una ducha caliente y me puse una camiseta y unos pantalones de pijama. Sabía que no dormiría aquella noche, así que fui a la sala de música, que estaba insonorizada, cerré la puerta y me puse a componer una canción que tenía pensada desde hace tiempo. Me dieron las tres de la madrugada cuando acabé de componer la canción y la música. Estaba muy cansado y bajé a intentar dormir algo, y para mí sorpresa caí rendido en los brazos de Morfeo.
Domingo, 5 de febrero de 2012
Narra Kristine
Apenas había pegado ojo en toda la noche pensando en las palabras de Harry. De verdad quería creerle, quería creer que el no me iba a hacer lo mismo que John, que el iba a cuidar de mí y todas esas cosas. Pero me era muy difícil, había sufrido muchísimo la última vez y no quería volver a pasar por lo mismo. Me fui a la ducha para despejarme un poco, y cuando acabé me vestí con ropa cómoda para bajar a desayunar y estar por casa. Estaba poniéndome un poco de zumo en un vaso cuando oí el timbre, qué raro, no esperaba visita. Abrí la puerta y no había nadie, pero sí había un sobre en el felpudo que ponía mi nombre. Volví a entrar dentro y lo leí mientras me comía una tostada. Ponía esto:
"Querida Kristine,
Anoche no me diste la oportunidad de demostrarte nada, pero no me voy a dar por vencido, te quiero y voy a hacer todo lo posible para hacerte feliz. Cuando llegué a casa estuve hasta las tres de la madrugada componiendo una canción para tí, y hoy les he pedido a los chicos y a Dana grabarla solo para ti. Pon el CD, espero que te guste. Cuando acabes de ver el vídeo, vete al parque de al lado de tu casa, estaré esperándote allí, solo ven si quieres, sino vienes respetaré tu decisión y no te molestaré más. Por lo menos, lo habré intentado. Te quiero,
Harry"
Puse el CD tal y como me había indicado Harry, y en él apareció el siguiente vídeo:
Me puse a llorar. Harry iba en serio. De verdad quería que cambiara de opinión, así que cogí mi chaqueta de Hollister y el pañuelo que tenía como el de Dana y salí al encuentro de Harry para darle una oportunidad y ver cómo transcurrían las cosas. Cuando llegué estaba apoyado en un banco con un ramo de flores. Vestía unos vaqueros, una chaqueta parecida a la mía que dejaba entrever una camisa de cuadros negros y blancos, y un gorro de lana que tapaba su pelo.
-Toma, son para ti -dijo dándome el ramo.
-Gracias.
-Pensaba que no vendrías.
-Yo también. Mira Harry, ni te imaginas lo mucho que sufrí en el pasado a cuenta de ese gilipollas. Yo estaba completamente enamorada de él, pero él se acostaba con muchas chicas más a las que les contaba las mismas mentiras que a mí. después de él hubo varios chicos que me dijeron que les gustaba pero yo les rechazaba, por miedo a que me volviera a pasar lo mismo. Y luego llegaste tú con tu esplendida sonrisa, con esos hoyuelos, con esos ojos, y una chispa de esperanza se encendió dentro de mí, pero tú siempre estabas con alguna chica. Además me había prometido a mí misma que no me volvería a enamorar, y todavía sigo sin creer que esto vaya a salir bien, pero quien no arriesga no gana. Y si alguien va a derribar ese muro que un día puse en mi corazón, quiero que seas tú Styles- dicho todo esto, se acercó a mi y me rodeó con sus fuertes brazos.
-Pequeña, te prometo que no voy a desaprovechar esta oportunidad. Te demostraré que no soy cómo has pensado todo este tiempo, y que de verdad quiero pasar el resto de mis días contigo.
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