Lunes, 23 de enero de 2012
Narra Dana
-Dana, despierta. Hoy es el gran
día –dijo mi hermano zarandeándome.
-¿Qué? –dije adormilada todavía.
Me froté los ojos y los abrí.
Allí estaba mi hermano con la mejor de sus sonrisas esperando a que me
levantara. Hoy mi hermano hacía una colaboración con Boyce Avenue, y como
siempre, yo era la encargada de dirigir y producir el video. Además de conocer
a uno de mis grupos favoritos, hoy era mi cumpleaños, mi decimonoveno
cumpleaños.
-Venga dormilona, que te he hecho
el desayuno.
-Muchas gracias hermanito –le
dije dándole un beso en la mejilla.
Fuimos los dos juntos hasta la
cocina, y allí tenía un paquete bastante grande al lado del desayuno. Cogí el
regalo y lo empecé a abrir. Me había quedado sin palabras, no me lo podía
creer, era la cámara de fotos para la
que llevaba tanto tiempo ahorrando, y él lo sabía. Con la que grabábamos los
vídeos ya se nos había quedado pequeña, era un poco vieja, y de vez en cuando
fallaba. Estuve sin hablar durante unos minutos, mirando perpleja la cámara.
-¿Te gusta? –preguntó mi hermano
al ver que no decía ni una palabra.
-¿Gustarme? Me encanta Alex,
muchas gracias –dije dejando la cámara y corriendo a abrazarle.
-Pues todavía quedan algunas
sorpresas.
-Menos mal que te dije que no
quería nada…
-Sí pero como no te hago caso.
¡Anda, come y calla!
Desayuné las tortitas que había
preparado y mi taza de Starbucks llena de leche con cacao. Después fui a
ducharme y a prepararme, ya que los chicos de Boyce Avenue vendrían a las once
y media, y eran las once menos cuarto. La ducha fue en tiempo récord, y me
vestí con algo simple. Una sudadera granate a juego con las zapatillas y una gorra azul, y unos vaqueros oscuros. Cogí mi BlackBerry y fui al salón con mi
hermano.
-¡Qué rápida hermanita! Ni que
fueras a conocer a tu grupo favorito –dijo soltando una carcajada.
-Mira que eres tonto, parece
mentira que seas el mayor. Y sí, voy a conocer a mi grupo favorito, pero el
artista que colabora con ellos me gusta más todavía.
-¿Sí? ¿Quién será? ¿Le conozco?
Mira que me estoy empezando a poner celoso.
-Pues mira, resulta que lleva mi
mismo apellido, me cuida desde que nuestros padres murieron y me ha apoyado
durante toda mi vida. Y ahora mismo está sentado a mi lado.
-Yo también te quiero Dana –dijo
abrazándome.
En ese momento tocaron al timbre.
Pensaba que serían los chicos de Boyce Avenue, que llegaban pronto, así que fui
a abrir. Pero la persona que me encontré no era la que yo esperaba. Era la
primera persona que había conocido al llegar a Wolverhampton hace 5 años,
cuando me mudé con mi hermano desde Poughkeepsie tras la muerte de mis padres. Ahora
vivimos en un estudio bastante grande en Londres, y a la casa de mis abuelos
maternos de Wolverhampton vamos en vacaciones.
-Hola Liam –dije esbozando una
sonrisa.
-Hola Dana, feliz cumpleaños
–dijo, y luego me besó en la mejilla y me dio un abrazo.
-No me esperaba que vinieras,
pensaba que estabas haciendo la maleta para irte a Dublín y Belfast para los
últimos conciertos de la gira hasta abril –dije casi en un susurro.
-Salimos mañana pronto. Además,
hoy es un día importante, 23 de enero de 2012, haces 19 años y vas a grabar con
Boyce Avenue. Quería estar contigo durante este día. Es tu cumpleaños y no te
vas a librar tan fácilmente de mí.
-Eres increíble Liam, muchas
gracias.
-No hay que darlas, por cierto,
luego vamos a comer todos juntos en nuestra casa. Tú, yo, los chicos, tu
hermano y Boyce Avenue.
-¿En serio?
-Totalmente, los chicos se han
quedado preparando la comida y cuando acabéis de grabar vamos. Quieren
felicitarte y estirarte de las orejas.
-Oh, perfecto. Gracias otra vez
Lee –dije mientras le abrazaba.
Entonces volvió a sonar el
timbre, y sí que eran los chicos de Boyce Avenue. Esta vez les abrió mi
hermano. Saludaron a Liam con total normalidad, ya que le habían visto el día
anterior. Y a mí me felicitaron el cumpleaños y me dieron dos besos cada uno.
-Bueno, ¿queréis algo o empezamos
a trabajar ya? –dijo mi hermano.
-Un poco de agua no nos vendría
mal –dijo Alejandro.
-Eso ya lo tengo preparado en el
estudio –respondió mi hermano, a lo que todos reímos.
Lo primero que hicimos fue grabar
la música de la canción, tardamos una hora en hacerlo. Después decidieron que
las voces las harían en directo mientras Fabián y yo grabábamos el vídeo, ya
que a él le daba vergüenza salir por una araña que le había picado en el ojo.
Tenía el ojo bastante hinchado, pero se le había bajado con una pomada que le
dieron en el médico esa mañana, y le dijo que para el concierto no
tendría nada. Empezamos a grabar, y entre que se equivocaban, se reían o
paraban un rato acabamos a las dos y media, justo a tiempo para ir a comer a
casa de los chicos.
-Buen trabajo chicos –dijo Liam
que lo había estado observando todo en silencio- Os merecéis un descanso, así
que al coche y ¡a comer!
-Esperad un momento –dije
dirigiéndome un poco tímida a los chicos de Boyce Avenue- ¿Os importaría
dedicarme el CD?
-No, claro que no. Ahora mismo te
lo firmamos –dijo Alejandro cogiéndolo de mis manos.
Cada uno me escribió una
dedicatoria, se lo agradecí y guardé el CD en mi cuarto. Me cambié de ropa
porque estaba sudada y me puse una camiseta de los Beatles blanca con unaamericana negra, unos pantalones negros y unas converse azules. Cogí las llaves de casa, y cuando volví al salón solo quedaba
Liam, así que fui con él en el coche. Al llegar a casa de los chicos se
abalanzaron todos sobre mí para felicitarme. Desde que se unieron como One
Direction en X Factor, habían pasado a ser una gran parte de mi vida. Al igual
que mis amigas Amie y Kristine, que también habían sido invitadas a la comida y
eso Liam no me lo había dicho. Vinieron las dos hacia mí, me abrazaron y me
felicitaron.
-Bueno, empecemos con la comida,
que nos hemos esmerado bastante los chicos y yo para celebrar el cumpleaños de
Dana y la grabación de la nueva cover de Alex y Boyce Avenue –dijo Harry
colocando los platos sobre la mesa.
De primero comimos ensalada, de
segundo carne asada en la parrilla con distintas guarniciones y salsas y de
postre pastel de queso, mi favorito. Se apagaron todas las luces y vi cómo
venían con las velas de la tarta encendidas y comenzaban a cantarme. La
pusieron delante de mí y soplé las velas pidiendo un deseo. Todos aplaudieron y
comencé a repartirles tarta. Cuando acabamos hice un amago de ponerme a recoger
pero Niall me lo impidió, me mandó al salón a esperar a que recogieran ellos.
Me senté en el sofá a charlar con los chicos de Boyce Avenue, ya que a ellos
tampoco les habían dejado recoger. Al de un rato llegaron todos, con Louis a la
cabeza gritando.
-Bueno bueno zanahoria, ha
llegado la hora de los regalos.
-¿Cuánto llevo diciendo que no
quiero regalos?
-¿Cuánto nos
importa a nosotros lo que tú hayas dicho? –contratacó Louis.
-Contigo no se
puede discutir Carrot.
-Bueno, yo
primero –dijo mi hermano tendiéndome un paquete.
-¿Otro regalo?
Te estás pasando hermanito.
-Tú ábrelo y
calla, quejica.
Lo abrí y era
un marco con una foto nuestra de pequeños en un parque. Esa foto no la había
visto nunca, había visto otras de ese día, pero esa no. Salíamos los dos de la
mano mirando a la cámara, sonriendo, él tenía nueve años y yo cuatro. En el
marco había una inscripción que ponía: “Always by your side”. Se me saltaron
las lágrimas, fui hacia mi hermano y lo abracé muy fuerte. Era un regalo mejor
que la cámara porque tenía un valor sentimental para los dos. Cuando recuperé
la compostura Niall, Louis, Harry y Zayn me dieron su regalo. Cada uno me
compró una cosa que significaba algo para nosotros. Niall un trébol de cuatro
hojas tallado en madera con una N detrás, para que siempre me acordara de él
estuviera donde estuviera y para que me diera suerte, porque yo le había
regalado a él uno igual por su cumpleaños con una D y era especial para
nosotros. Louis una camiseta que ponía: “Carrot power!” y por detrás una
zanahoria con una capa, porque él siempre me había llamado zanahoria desde que
nos conocimos. Harry una sudadera igual que una que él tenía, porque yo siempre
se la quitaba y quería que fuéramos iguales. Y Zayn un cuaderno en el que se
recopilaban todos los dibujos que habíamos hecho él y yo a lo largo de los
años, cada uno con la descripción del momento en el que los dibujamos. Yo no
era una chica que llorara muy a menudo, prefería tragármelo todo, pero todos
los regalos estaban mereciendo mis pequeñas lágrimas de felicidad. Nos dimos un
abrazo colectivo y les besé a todos en las mejillas. Después fueron mis dos
amigas. Ellas me regalaron un día de Spa y compras, para que fuéramos todas
juntas a relajarnos. Sabían que aunque yo fuera muy reservada y un tanto rara,
me encantaban esos días de chicas. Me levanté y repetí la misma operación que
con los chicos. Y por último fue Liam, que me hizo un gesto con la mano para
que me sentara a su lado y abriera el regalo. Cuando desenvolví el papel me
susurró al oído que esa era la primera parte de su regalo, y al abrir la
primera página del álbum de fotos que me había hecho los recuerdos me
invadieron.
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